Moby Dick
Moby Dick Ahora bien, el Pequod habÃa zarpado de Nantucket justamente al inicio de la temporada alta del ecuador. Ningún viable denuedo podÃa entonces permitir a su comandante realizar la gran travesÃa hacia el sur, doblar el cabo de Hornos y, recorriendo después sesenta grados de latitud, llegar al PacÃfico ecuatorial a tiempo de cazar allÃ. Por lo tanto, debÃa esperar a la temporada siguiente. Es posible quizá, no obstante, que la prematura hora de la partida del Pequod hubiera sido ocultamente seleccionada por Ajab con vistas a esta misma disposición. Pues ante él habÃa un intervalo de trescientos sesenta y cinco dÃas y noches; un intervalo que, en lugar de aguantar impacientemente en tierra, transcurrirÃa para él en una miscelánea cacerÃa; si habÃa fortuna, la ballena blanca, al pasar sus vacaciones en mares muy alejados de sus áreas de alimentación, podrÃa emerger su arrugada frente en el golfo Pérsico, o en la bahÃa de Bengala, o en los mares de la China, o en cualesquiera otras aguas frecuentadas por su especie. De manera que los monzones, los pamperos, los noroestes, los harmattans, los alisios, cualquier viento, excepto el levante y el simún, podÃan impulsar a Moby Dick al taimado y zigzagueante cÃrculo mundial de la circunnavegadora estela del Pequod.