Moby Dick
Moby Dick Tampoco dejaba de tener en cuenta Ajab otra cosa. En épocas de fuerte emoción, el ser humano desdeña toda consideración esencial; mas esas épocas son evanescentes. La permanente condición constitucional del hombre manufacturado, pensaba Ajab, es la sordidez. Dando por sentado que la ballena blanca enardecÃa por completo los corazones de esta su feroz tripulación, y que al jugar con su ferocidad se generaba en ellos incluso un cierto pródigo caballeroso afán de aventura, aun asÃ, mientras que daban caza a Moby Dick por mor de hacerlo, también habÃan de tener alimento para su más común apetito diario. Pues incluso los excelsos y caballerescos cruzados de los tiempos antiguos no se resignaban a atravesar dos mil millas de tierra para luchar por el Santo Sepulcro, sin cometer robos, apañar carteras y ganarse otros pÃos incentivos por el camino. Si se les hubiera limitado estrictamente a su único y romántico objetivo final… de ese único y romántico objetivo final muchos se habrÃan apartado con aversión. No despojaré a estos hombres, pensaba Ajab, de toda esperanza de dinero… sÃ, dinero. Puede que ahora se burlen del dinero; pero dejad que pasen unos meses y que para ellos no haya en perspectiva promesa de él, y entonces ese mismo quiescente dinero, amotinándose de pronto en ellos, ese mismo dinero pronto harÃa que Ajab fuera depuesto[66].