Moby Dick
Moby Dick »Aunque habÃa más que eso: la orden sobre la pala estaba casi tan claramente calculada para insultar y provocar a Steelkilt como si Radney le hubiera escupido en la cara. Cualquier hombre que se haya embarcado como marinero en un barco de la pesquerÃa de la ballena lo comprenderá; y todo esto, y sin duda mucho más, comprendió perfectamente el lagonero cuando el oficial pronunció su orden. Aunque mientras permanecÃa sentado quieto un momento, y mientras firmemente miraba en los malignos ojos del primer oficial, y percibÃa los montones de barriles de pólvora apilados dentro de él, y la lenta mecha quemándose silenciosamente hacia ellos; mientras instintivamente veÃa todo esto, ese extraño aguante y renuencia a remover el Ãmpetu más profundo de un ser ya irascible (una aversión sentida especialmente, si es que lo es, por los hombres en verdad valientes precisamente al ser agraviados), este innominado sentimiento espectral, caballeros, embargó a Steelkilt.