Moby Dick
Moby Dick »Fue en este momento, caballeros, que irritado por la defección de siete de sus anteriores asociados, aguijoneado por la voz burlona que acababa de dirigirse a él, y trastornado por su larga sepultura en un lugar tan negro como las entrañas de la desesperación; fue entonces cuando Steelkilt propuso a los dos canalleros, hasta entonces aparentemente de una misma opinión con él, que en el siguiente requerimiento a la guarnición se lanzaran fuera de su agujero; y armados con sus afiladas cuchillas de trinchar (largos instrumentos en forma de media luna con un mango a cada extremo) sembraran el pánico desde el bauprés hasta el coronamiento; y si por algún endemoniamiento de desesperación fuera posible, tomaran el barco. Él lo haría, por sí mismo, dijo, tanto si se le unían como si no. Ésa era la última noche que pasaría en aquella covacha. Mas el plan no encontró oposición por parte de los otros dos; juraron estar dispuestos a ello, o a cualquier otra locura, a cualquier cosa, en resumen, excepto a la rendición. Y, más aún, cada uno de ellos insistió en ser el primer hombre sobre cubierta cuando llegara el momento de lanzar el ataque. Pero a esto su cabecilla se opuso con la misma fiereza, reservándose la prioridad para sí mismo; en especial, dado que sus dos camaradas no iban a ceder el uno al otro en el asunto, y ambos no podían ser el primero, pues la escalera admitía sólo a un hombre cada vez. Y aquí, caballeros, ha de ponerse de manifiesto el sucio juego de estos villanos.