Moby Dick

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»En ese momento Steelkilt siseó algo, inaudible para todos excepto para el capitán, el cual, ante la sorpresa de todos los hombres, se retiró, recorrió rápidamente la cubierta dos o tres veces, y entonces, arrojando repentinamente el cabo, dijo: “No lo voy a hacer… dejadle marchar… soltadle. ¿No oís?”.

»Mas cuando los oficiales inferiores se apresuraban a ejecutar la orden, un hombre, pálido con la cabeza vendada, les detuvo… era Radney, el primer oficial. Desde el golpe había yacido en su litera; mas esa mañana, al escuchar el tumulto en cubierta, había subido, y hasta ese instante había estado observando toda la escena. Tal era el estado de su boca que apenas podía hablar; pero mascullando algo sobre que él estaba dispuesto a hacer lo que el capitán no se atrevía a intentar, agarró el cabo y avanzó hacia su maniatado enemigo.

»“¡Eres un cobarde!”, siseó el lagonero.

»“Lo soy, pero toma eso.” El primer oficial estaba en la propia acción de golpear, cuando otro siseo detuvo su brazo alzado. Quedó quieto; y entonces, no deteniéndose más, hizo buena su palabra, a pesar de la amenaza de Steelkilt, fuera la que fuese. Después, soltaron a los tres hombres, toda la tripulación se puso a trabajar, y apáticamente operadas por los taciturnos marineros, volvieron a sonar las bombas de hierro.


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