Moby Dick
Moby Dick »“Mas en lo que respecta a vosotros, carroña canalla”, volviéndose hacia los tres hombres en la jarcia… “a vos tengo intención de trocearos para los calderos del beneficio”, y tomando un cabo, lo aplicó con todas sus fuerzas a las espaldas de los dos traidores, hasta que ya no chillaron más, y sus cabezas colgaron desfallecidas de lado, del mismo modo que se dibujan las de los dos bandidos crucificados.
»“¡Me he descoyuntado la muñeca con vosotros!”, gritó finalmente; “pero todavía queda cabo suficiente para ti, mi buen gallito que no se rinde. Quitadle esa mordaza de la boca y escuchemos lo que puede decir por sí solo.”
»Durante un instante el exhausto amotinado hizo un trémolo movimiento con sus atenazadas mandíbulas, y entonces, girando dolorosamente su cabeza, dijo en una especie de siseo: “Lo que digo es esto… y tome buena nota… ¡si me azota, le mato!”.
»“¿Eso es lo que dices? Mira, entonces, cómo me asustas.” Y el capitán se dispuso a golpear con el cabo.
»“Mejor no”, siseó el lagonero.
»“Pero he de hacerlo”, y el cabo fue de nuevo echado hacia atrás para el golpe.