Moby Dick
Moby Dick »Mas aunque el lagonero había inducido a los marineros a adoptar esta especie de pasividad en su conducta, él mantuvo su propia opinión (al menos hasta que todo terminó) respecto a su propia y particular venganza sobre el hombre que le había pinchado en los ventrículos del corazón. Estaba en el turno del primer oficial Radney; y el envanecido oficial, como si tras el episodio en la jarcia buscara recorrer más de la mitad del camino hasta su sentencia, insistió, contra la opinión expresa del capitán, en volver a asumir el mando de su turno por la noche. Sobre esto y una o dos otras circunstancias, Steelkilt construyó sistemáticamente el plan de su venganza.
»Durante la noche, Radney tenía una forma poco marinera de sentarse en la amurada del alcázar y apoyar su brazo sobre la borda de la lancha que estaba izada allí, un poco más arriba de la borda del buque. En esta postura, era bien sabido, a veces dormitaba. Había un espacio considerable entre la lancha y el buque, y debajo estaba el mar. Steelkilt calculó su momento, y encontró que su siguiente turno al timón le volvería a llegar a las dos de la mañana del tercer día a partir del que había sido traicionado. A su manera, dedicó el intervalo a trenzar algo con sumo cuidado en sus guardias, abajo.
»“¿Qué es lo que haces ahí?”, dijo un compañero.
»“¿Qué piensas tú? ¿Qué es lo que parece?”