Moby Dick

Moby Dick

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No temo vuestra epidemia, señor —dijo Ajab desde la amurada al capitán Mayhew, que se erguía en la popa de la lancha—; suba a bordo.

Pero ahora Gabriel se incorporó.

—¡Pensad, pensad en las fiebres, amarillas y biliosas! ¡Guardaos de la terrible plaga!

—¡Gabriel, Gabriel! —gritó el capitán Mayhew—; debéis…

Pero en ese instante una impetuosa ola impulsó la lancha muy a proa, y sus chapoteos ahogaron toda la parrafada.

—¿Habéis visto a la ballena blanca? —preguntó Ajab cuando la lancha cayó de vuelta a la deriva.

—¡Pensad, pensad en vuestra ballenera, desfondada y hundida! ¡Guardaos de la terrible cola!

—Os digo de nuevo, Gabriel, que… —pero de nuevo la lancha salió lanzada a proa, como arrastrada por diablos. Nada se dijo durante algunos momentos, mientras pasaron ondulando una sucesión de amotinadas olas, que, por uno de esos ocasionales caprichos de los mares, lo volteaban en lugar de alzarlo y abatirlo. Entretanto la cabeza izada de la ballena se balanceaba de aquí para allá muy violentamente, y se vio a Gabriel observarla con más aprehensión que la que su naturaleza arcangélica parecía admitir.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker