Moby Dick
Moby Dick Bien está hacer aquà el paréntesis de que, de entre los accidentes fatales de la pesquerÃa del cachalote, esta clase es quizá casi tan frecuente como cualquier otra. A veces nada resulta dañado excepto el hombre que asà es aniquilado; con mayor frecuencia la proa de la lancha es destrozada, o la plancha de apoyo en la que se sitúa el tripulante es arrancada de su lugar y acompaña al cuerpo. Pero lo más extraño de todo es la circunstancia de que en más de una ocasión, cuando el cuerpo ha sido recuperado, no es discernible ni una sola marca de violencia; estando el hombre muerto y bien muerto.
La entera calamidad, la silueta descendiente de Macey fue observada claramente desde el barco. Alzando un estridente chillido… «¡El tarro!, ¡el tarro!», Gabriel hizo renunciar a la aterrorizada tripulación a la posterior caza de la ballena. Este terrible acontecimiento revistió al arcángel con un adicional ascendiente; pues sus crédulos discÃpulos estaban convencidos de que lo habÃa especÃficamente preanunciado, en lugar de sólo haber formulado, una profecÃa general, que cualquiera podrÃa haber hecho, y haber dado asà en acertar en una de las muchas dianas que el amplio margen permitÃa. De esta manera se convirtió en un innominado terror para el barco.