Moby Dick

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Habiendo concluido Mayhew su narración, Ajab le planteó tales cuestiones, que el capitán no pudo evitar preguntar si tenía intención de cazar a la ballena blanca si la oportunidad se presentaba. A lo cual Ajab respondió:

—Sí.

Entonces, inmediatamente, Gabriel se puso una vez más en pie, mirando con ojos brillantes al viejo, y, con un dedo apuntando hacia abajo, exclamó:

—Pensad, pensad en el blasfemo… ¡Muerto y allá abajo!… ¡Guardaos del fin del blasfemo!

Ajab se apartó, imperturbable; entonces dijo a Mayhew:

—Capitán, acabo de recordar mi bolsa de correspondencia; hay una carta para uno de vuestros oficiales, si no me equivoco. Revisad la bolsa, Starbuck.

Todo barco ballenero porta un buen número de cartas para otros barcos, cuya entrega a las personas a las que pueden estar dirigidas depende de la mera suerte de encontrarlos en los cuatro océanos. Así, la mayoría de las cartas nunca alcanza su destino; y muchas sólo son recibidas tras acumular una edad de dos, tres o más años.


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