Moby Dick
Moby Dick Tan fuerte y tan metafísicamente me hice entonces idea de mi situación, que mientras que con seriedad observaba sus movimientos, parecía percibir claramente que mi propia individualidad estaba ahora fusionada en una sociedad anónima de dos; que mi libre albedrío había recibido una herida mortal; y que el error o la desgracia de otro podría sumergirme a mí, inocente de mí, en un inmerecido desastre y una inmerecida muerte. Por lo tanto, vi que aquí había una suerte de interregno dentro de la Providencia; pues su equilibrada equidad nunca podría haber sancionado tamaña injusticia. Y no obstante, cavilando todavía más… mientras de vez en cuando le sacaba, tirando, de entre la ballena y el barco, que amenazaban trabarle… cavilando todavía más, digo, observé que esta situación mía era la exacta situación de todos los mortales que respiran; únicamente que, en la mayoría de los casos, de una u otra forma, tienen esta misma conexión siamesa con una pluralidad de otros mortales. Si vuestro banquero quiebra, vosotros os arruináis; si vuestro farmacéutico os pone por error veneno en vuestras pastillas, fallecéis. Cierto, podéis decir que, aumentando las precauciones, posiblemente podréis escapar de éstos y de multitud de otros perversos azares de la vida. Mas por muy cuidadosamente que yo manejara el cabo de mono de Queequeg, él a veces tiraba de tal manera que yo estaba a punto de caer por la borda. Y no podía de ninguna manera olvidar que, hiciera lo que hiciera, yo sólo tenía el gobierno de uno de los extremos[92].