Moby Dick
Moby Dick —Pero volverÃa a subir.
—Le vuelvo a tirar; y sigo volviéndole a tirar.
—Supón, sin embargo, que a él se le mete en la cabeza tirarte a ti… SÃ, y ahogarte… ¿entonces, qué?
—Me gustarÃa verle intentarlo; le pondrÃa tal par de ojos morados que no se atreverÃa a enseñar de nuevo su cara en la cabina del almirante durante mucho tiempo, mucho menos en el sollado en el que vive, y por aquà en las cubiertas superiores, donde tanto merodea. Maldito sea el Diablo, Flask; ¿supones que le tengo miedo al Diablo? Quién le teme, a no ser el viejo patrón, que no se atreve a cogerle y ponerle grillos dobles, como se merece, sino que le deja ir por ahà secuestrando a la gente; sÃ, y que ha firmado un pacto con él, que toda la gente que el Diablo secuestre, él se los asará. ¡Ése es un patrón!
—¿Tú crees que Fedallah quiere secuestrar al capitán Ajab?