Moby Dick

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Pero salgamos ahora, y observemos esta portentosa mandíbula inferior, que parece como la larga tapa estrecha de una inmensa caja de rapé, con la bisagra en un extremo en lugar de a un lado. Si la levantáis de manera que quede por encima y muestre sus filas de dientes, parece un terrible rastrillo levadizo; y tal rastrillo, ¡ay!, resulta ser para muchos infelices en la pesquería, sobre los que estos pinchos caen con empaladora fuerza. Aunque mucho más terrible es contemplar, cuando brazas sumergida observas en el mar una sombría ballena flotando allí suspendida, con su portentosa mandíbula de unos quince pies de longitud colgando directamente hacia abajo, en ángulo recto con su cuerpo, como un botalón, según toda apariencia. Esta ballena no está muerta; sólo está deprimida; alicaída, quizá; neurasténica; y tan apática que las bisagras de su mandíbula se han relajado, dejándola allí en esa especie de torpe aflicción, un reproche a toda su estirpe, que debe, sin duda, desear un cierra-mandíbulas para ella[96].

En la mayoría de los casos esta mandíbula inferior —fácilmente desencajable para un artista consumado— se separa y se iza a cubierta con el propósito de extraer los dientes de marfil, y obtener un suministro de este duro hueso blanco de ballena con el que los marineros elaboran todo tipo de curiosos artículos, incluyendo bastones, puños de paraguas y mangos de fustas de montar.


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