Moby Dick
Moby Dick —¡Los dos!, ¡los dos!… ¡Son los dos! —gritó de nuevo Daggoo con grito de júbilo.
Y poco después fue visto Queequeg batiendo resueltamente con una mano, y cogiendo con la otra el largo pelo del indio. Izados a la lancha que esperaba, fueron traÃdos con gran rapidez a cubierta; aunque Tashtego tardó en volver en sÃ, y Queequeg no parecÃa muy fresco.
Ahora bien, ¿cómo se habÃa logrado este noble salvamento? Pues bien, buceando tras la cabeza que descendÃa lentamente, Queequeg, con su afilada espada, habÃa hecho cortes laterales cerca de la parte inferior, para abrir allà un gran orificio; dejando entonces caer su espada, habÃa introducido su largo brazo hacia adentro y hacia arriba, y jalado de este modo al pobre Tash de la cabeza. Al meter el brazo por vez primera buscándole, nos aseguró, se encontró con una pierna; pero sabiendo perfectamente que asà no debÃa ser, y que podrÃa ocasionar un grave percance… habÃa vuelto a introducir la pierna, y mediante un diestro empellón y un giro habÃa provocado una voltereta en el indio, de manera que en el siguiente intento salió de la vieja y acostumbrada manera… con la cabeza por delante. Por lo que respecta a la gran cabeza en sÃ, a ésa le iba todo lo bien que podÃa esperarse.