Moby Dick
Moby Dick Pero ¿cómo? ¿Genio en el cachalote? ¿Escribió alguna vez el cachalote un libro o dio una conferencia? No, su gran genio se manifiesta en que no hace nada particular para demostrarlo. Se declara, además, en su piramidal silencio. Y esto me recuerda que si el gran cachalote hubiera sido conocido en el primitivo mundo oriental, sus pensamientos mágico-infantiles lo hubieran deificado. Deificaron al cocodrilo del Nilo porque el cocodrilo no tiene lengua; y el cachalote no tiene lengua, o al menos la tiene tan pequeña como para ser incapaz de proyección. Si en el futuro alguna poética nación de elevada cultura tiene la tentación de regresar a las fuentes de su linaje, los alegres dioses primaverales de antaño, y vitalmente entronizarlos de nuevo en el actual cielo egoísta, en la ya no embrujada colina, estad seguros de que, exaltado al elevado trono de Jove, el gran cachalote la gobernará.
Champollion descifró los ajados jeroglíficos de granito. Pero no hay Champollion que descifre el Egipto del rostro de cada hombre y cada ser. La fisiognomía, como toda otra ciencia humana, no es sino una fábula perecedera. Si entonces sir William Jones, que leía en treinta lenguas, no podía leer el rostro del más simple campesino en sus más profundos y más sutiles significados, ¿cómo puede el analfabeto Ismael esperar leer el imponente caldeo de la frente del cachalote? Me limito a poner esa frente ante vosotros. Leedla si podéis.