Moby Dick
Moby Dick Pero el humano Starbuck había llegado demasiado tarde. En el instante del lanzamiento un ulceroso surtidor brotó de esta cruel herida, y aguijoneada por ella en una aflicción imposible de soportar, la ballena, chorreando ahora espesa sangre, ciegamente se lanzó con repentina furia contra las naves, salpicándolas a ellas y a sus exultantes tripulaciones de arriba abajo con rociadas de sangre, volcando la lancha de Flask y desencajando su proa. Fue su golpe de muerte. Pues, para entonces, tan agotada estaba por la pérdida de sangre, que se volteó indefensamente, apartándose del naufragio que había causado; quedó resoplando sobre su costado, aleteó impotentemente con su aleta mocha, rodó entonces lentamente una y otra vez, como un mundo que se apaga; puso boca arriba los blancos secretos de su panza; se estiró como un tronco, y murió. Ese último expirante chorrear fue muy penoso. Como cuando el agua es gradualmente retirada por manos invisibles de algún abundante manantial, y con medio ahogados melancólicos borboteos la columna de agua disminuye y disminuye hasta el suelo… así el último prolongado chorrear de muerte de la ballena.