Moby Dick
Moby Dick No puede decirse qué otras maravillas podrían haber sido rebuscadas en este monstruoso armario. Ya que se produjo una repentina interrupción de nuevos descubrimientos, al inclinarse el barco de costado al mar de manera inusitada debido a la creciente tendencia del cuerpo a hundirse. Sin embargo, Starbuck, que tenía el mando de las operaciones, se aferró a él hasta el final; de hecho, se aferró con tanta resolución, que cuando finalmente, de haber persistido en enlazarlo con el cuerpo, el barco hubiera volcado, entonces, cuando se dio la orden de soltarse de él, tal era la inamovible tensión sobre los barraganetes a los que las cadenas y cables de palmas estaban sujetos, que era imposible soltarlos. Mientras tanto, todo en el Pequod estaba torcido. Cruzar al lado opuesto de la cubierta era como subir por el tejado inclinado de una casa con tejado a dos aguas. El barco crujía y jadeaba. Muchas de las incrustaciones de marfil de sus bordas y cabinas se desprendieron a causa de la inusual dislocación. En vano se aplicaron espeques y palancas para hacer fuerza sobre las inamovibles cadenas de palmas, y desencajarlas de los barraganetes; y la ballena se había sumergido ahora tanto que los extremos hundidos en modo alguno podían ser alcanzados; mientras a cada momento toneladas enteras de ponderosidad parecían añadirse a la masa que se hundía, y el barco parecía a punto de perderse.