Moby Dick
Moby Dick Este angosto estrecho de Sunda separa Sumatra de Java; y al estar en medio de ese enorme parapeto de islas, resguardado por ese audaz promontorio verde conocido por los marineros como la punta de Java, en no poco se corresponde con el vano de la puerta central de algún enorme imperio amurallado; y considerando la inexhaustible riqueza de especias, y sedas, y joyas, y oro, y marfil, de la que gozan los miles de islas de ese mar oriental, parece un significativo aporte de la naturaleza que tales tesoros, por la propia conformación de la tierra, deban al menos tener la apariencia, por ineficaz que sea, de estar protegidos del acaparador mundo occidental. Las costas del estrecho de Sunda no están provistas de esas dominantes fortalezas que guardan las entradas del Mediterráneo, el Báltico y el mar de Mármara. A diferencia de los daneses, estos orientales no demandan el obsequioso homenaje de juanetes arriados a la inacabable procesión de barcos en viento, que desde hace siglos, de noche y de día, han pasado entre las islas de Sumatra y Java cargados con los más valiosos fletes de oriente. Pero aunque gratuitamente declinan un ceremonial como éste, en modo alguno renuncian a su derecho a un tributo más consistente.