Moby Dick
Moby Dick Desde tiempo inmemorial, los paraos piratas de los malayos, ocultos en las umbrosas calas e islotes de Sumatra, se han lanzado sobre los navíos que navegan a través del estrecho, requiriendo tributo fieramente con las puntas de sus picas. Aunque debido a los repetidos sangrientos castigos que han recibido de manos de los cruceros europeos, la audacia de estos corsarios se ha visto de algún modo contenida; aun así, incluso hoy en día, ocasionalmente oímos de navíos ingleses y americanos que en esas aguas han sido abordados y saqueados despiadadamente.
Con viento franco de todas velas, el Pequod se acercaba ahora a ese estrecho; Ajab se proponía pasar a su través hacia el mar de Java, y a partir de ahí, navegando hacia el norte por aguas que aquí y allá se sabía frecuentadas por el cachalote, barrer hacia el litoral en las islas Filipinas, y alcanzar la lejana costa del Japón a tiempo para la gran temporada de pesca de la ballena en aquellas aguas. De esta manera, el circunnavegante Pequod habría recorrido casi todos los caladeros del cachalote conocidos en el mundo, antes de descender al ecuador en el Pacífico; donde Ajab, aunque frustrado en su persecución en cualquier otro lugar, contaba firmemente con presentar batalla a Moby Dick en el mar que se sabía que más frecuentaba; y en una temporada en la que muy razonablemente podría presumirse que lo estaba rondando.