Moby Dick
Moby Dick La lancha estaba ahora casi atorada entre dos enormes cuerpos negros, que dejaban un estrecho Dardanelos entre su prolongado largor. Pero gracias a un desesperado esfuerzo, finalmente salimos a un momentáneo claro; avanzando entonces rápidamente, y al mismo tiempo buscando ansiosamente otra salida. Tras muchas similares escapadas por el grosor de un cabello, finalmente nos deslizamos velozmente en lo que un momento antes había sido uno de los círculos exteriores, que ahora era cruzado por esporádicas ballenas, todas avanzando violentamente hacia el centro. Esta afortunada salvación fue lograda sin mucho gasto, a cambio de la pérdida del sombrero de Queequeg, al cual, mientras permanecía en la proa para punzar a las ballenas fugitivas, la corriente de aire provocada por el repentino alzado de un par de grandes palmas le quitó limpiamente el sombrero de la cabeza.