Moby Dick
Moby Dick —¡No tocar! Este pez, señores, es un pez preso. Lo confisco como pez del Lord Guardián.
Ante lo cual, los pobres marineros, en su respetuosa consternación —tan auténticamente inglesa—, no sabiendo qué decir, se ponen a rascarse con vigor la cabeza por todas partes; mirando, entretanto compungidos a la ballena y al extraño. Pero en modo alguno eso enmienda el asunto, o suaviza en nada el duro corazón del docto caballero con el ejemplar del Blackstone. Finalmente, uno de ellos, tras mucho rascar aquà y allá sus ideas, se atreve a hablar.
—Por favor, señor, ¿quién es el Lord Guardián?
—El duque.
—Pero el duque no tuvo nada que ver con la captura de este pez.
—Es suyo.
—Hemos pasado por grandes riesgos y dificultades, y hemos tenido algunos gastos: ¿y todo ello va a ir en beneficio del duque, obteniendo nosotros nada por nuestras fatigas y nuestras ampollas?
—Es suyo.
—¿Es el duque tan pobre que se ve forzado a esta desesperada manera de conseguir un modo de vida?
—Es suyo.
—¿No se contentarÃa el duque con un cuarto o una mitad?