Moby Dick
Moby Dick Para entonces, la vÃctima que les estaba destinada surgió de la cabina. Era un hombre pequeño y de tez oscura; aunque de apariencia bastante delicada para un capitán de barco, tenÃa, sin embargo, grandes patillas y bigote; y llevaba un chaleco rojo de terciopelo de algodón, con sellos de reloj en su costado. Este caballero fue presentado ahora educadamente a Stubb por el de Guernsey, que de manera inmediata adoptó ostentosamente actitud de hacer de intérprete entre ellos.
—¿Qué he de decirle en primer lugar? —dijo.
—Bueno —dijo Stubb, mirando el chaleco de terciopelo y el reloj y los sellos—, bien puedes empezar diciéndole que a mà me parece una especie de niñato, aunque no pretendo ser juez.
—Dice, monsieur —dijo el de Guernsey en francés, volviéndose hacia su capitán—, que ayer mismo su barco habló con un navÃo, cuyo capitán y cuyo primer oficial, junto con seis marineros, habÃan perecido todos de unas fiebres cogidas por causa de una ballena reventada que habÃan traÃdo al costado.
Ante esto, el capitán se alertó, y ansiosamente deseó saber más.
—¿Qué, ahora? —dijo el de Guernsey a Stubb.