Moby Dick
Moby Dick Ahora bien, con tiempo en calma, para un nadador experimentado resulta tan fácil nadar en mar abierto como cabalgar en tierra en un carruaje con amortiguación. Mas la espantosa soledad es insoportable. La intensa concentración del propio ser en medio de tal despiadada inmensidad, ¡Dios mío!, ¿quién puede describirla? Fijaos cómo, cuando en una calma chicha los marineros se bañan en alta mar… fijaos lo cerca que se mantienen del barco y cómo sólo recorren sus flancos.
¿Mas en verdad había Stubb abandonado al pobre negrito a su suerte? No; al menos no era ésa su intención. Pues había dos lanchas tras su estela, y sin duda supuso que llegarían hasta Pip con gran rapidez, y que lo recogerían; aunque cierto es que los cazadores, en situaciones semejantes, no siempre manifiestan tanta consideración por los remeros que quedan en peligro por su propio apocamiento; y tales situaciones no se producen infrecuentemente; en la pesquería, casi invariablemente, un cobarde, una vez tildado de tal, queda marcado por la despiadada aversión característica de las marinas de guerra o los ejércitos.