Moby Dick

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Mas fijaos; allá arriba, en los tres topes, hay tres hombres atentos a descubrir más ballenas; las cuales, si son capturadas, infaliblemente volverán a ensuciar el viejo mobiliario de roble, y dejar caer al menos una pequeña mancha de grasa en alguna parte. Sí; y muchas son las veces en las que, tras las más duras incesantes labores, que no saben de noches; que continúan ininterrumpidamente a lo largo de noventa y seis horas; cuando desde la lancha, donde se les han hinchado las muñecas de remar todo el día en aguas ecuatoriales… suben a cubierta sólo para acarrear las enormes cadenas, y halar el pesado molinete, y cortar y sajar, sí, y en sus mismos sudores ser ahumados y quemados de nuevo por los fuegos reunidos del sol ecuatorial y del ecuatorial fogón del beneficio; cuando al cabo de todo esto finalmente se han afanado para limpiar el barco, y hacer de él una inmaculada lechería; muchas son las ocasiones en las que los pobres hombres, mientras están abotonándose los cuellos de sus ropas limpias, son sorprendidos por el grito de «¡Allí resopla!», y ahí vuelan a luchar con otra ballena, y a pasar de nuevo por todo el tedioso proceso. ¡Ah!, amigos míos, ¡mas esto es un homicidio! Sin embargo, esto es la vida. Pues apenas nosotros, mortales, mediante prolongados trabajos hemos extraído de la enorme masa de este mundo su pequeño pero valioso esperma; y entonces, con tediosa paciencia, nos hemos limpiado la mancha, y aprendido a vivir aquí en los limpios tabernáculos del alma; apenas se ha hecho esto, cuando… ¡Allí resopla!… surge el chorro del fantasma, y allá navegamos, a combatir algún otro mundo, y a pasar de nuevo por la vieja rutina de la joven vida.


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