Moby Dick
Moby Dick Ahora, con paso exultante, pasean las planchas de dos en dos y de tres en tres, y con buen humor hablan de salones, sofás, alfombras y ricas telas; proponen cubrir la cubierta con esteras; piensan en poner colgantes en la cofa; se quejan de no tomar el té a la luz de la luna en el porche del castillo. Hablar de aceite, y de barba de ballena, y de lardo, a esos olorosos marineros sería una especie de temeridad. No saben a qué es a lo que distantemente aludís. ¡Fuera, y traednos servilletas!