Moby Dick
Moby Dick Cortándome una verde vara de medir, una vez más me sumergà dentro del esqueleto. Desde su saetera en el cráneo, los sacerdotes me observaron tomando la altitud de la costilla final.
—¡Cómo! —gritaron—. ¡Osáis medir a este nuestro dios! Ésa es tarea nuestra.
—Bueno, sacerdotes… bien, ¿qué longitud le asignáis, entonces?
Mas sobre este punto se produjo entre ellos una feroz disputa referente a pies y a pulgadas; se partieron entre sà las seseras con sus reglas —el gran cráneo hacÃa eco— y, aprovechando esa afortunada oportunidad, rápidamente concluà mis propias mediciones.