Omu
Omu Y tierra se avistaba, pero Jermin era el único que sabía qué punto de los Mares del Sur era aquél, y muchos dudaban de que él mismo lo supiera. Pero apenas se acababa de hacer el anuncio, cuando el maestre se precipitó a la carrera hacia cubierta, en la mano el catalejo, que se echó al ojo y miró en redondo, con el aire de un hombre que recibe la confirmación de algo de lo que ya estaba seguro. La tierra era, precisamente, esa hacia la que navegábamos y, con viento, en menos de veinticuatro horas llegaríamos a Tahití. Lo que dijo se cumplió.
La isla resultó ser una de las Pomotu o del Grupo Menor —a veces llamado Islas Coral—, quizá las más notables e interesantes del Pacífico, que están al este de Tahití, de la que la más cercana dista un día de navegación.
Son muchas, en su mayoría pequeñas, bajas y llanas, algunas con bosques y todas cubiertas de verdor. Muchas tienen forma de medialuna y otras, figura de herradura. Estas últimas no son más que estrechos círculos de tierra que rodean una pequeña laguna, conectada al mar por una única salida. De algunas de ellas, que no tienen comunicación visible con el mar, se dice que la tienen submarina; la isla circundante, en esos casos, es una zona de perfecto color esmeralda. Otras lagunas, en cambio, están rodeadas por una cantidad de pequeños islotes verdes, muy cercanos el uno al otro.