Omu
Omu UNA SORPRESA - ALGO MÁS SOBRE BEMBO
Que se avistara la isla fue algo muy bien recibido. Llegar a puerto después de una larga navegación es siempre un gran motivo de alegría, y el marinero está predispuesto a caer en toda clase de anticipaciones placenteras. Pero para nosotros ese momento contaba con el añadido de muchas cosas específicas de nuestra situación.
Desde que habíamos puesto proa a tierra, nuestras posibilidades se habían comentado mucho. Varios consideraban que, si el capitán dejaba el barco, la tripulación ya no estaba sujeta a las cláusulas del contrato. Esta opinión era la de nuestros Edward Coke del castillo de proa, aunque probablemente no habría sido sancionada por los Tribunales Marítimos de Justicia. En todo caso, el estado tanto del barco como de la tripulación era tal que, se pensara lo que se pensase sobre el asunto, se podían predecir con certeza una larga estancia y muchas fiestas en Tahití.
Todo el mundo estaba de buen ánimo. Los enfermos, que habían mejorado día tras día desde el cambio de rumbo, estaban sobre cubierta, tendidos sobre las batayolas, algunos con gran excitación y otros admirando en silencio un fenómeno sin rival por su belleza imponente: Tahití vista desde el mar.
