Omu
Omu Por último, y con el fin de distraerlos de sus ideas, les propuse que preparásemos un memorial «circular» para que en tierra Baltimore, el cocinero, lo llevara al cónsul. La idea prendió con fuerza, y me dijeron que me pusiese a ello sin dilación. Cuando me dirigí al doctor para pedirle los materiales necesarios, me respondió que no los tenía, que no había ni una guarda siquiera en ninguno de sus libros. Así fue como, después de una ardua búsqueda, apareció un libro titulado Historia de las piraterías más atroces y sangrientas, húmedo y mohoso, y se arrancaron sus dos únicas páginas en blanco, que con un poco de resina se convirtieron en un folio. A modo de tinta, uno de los muchachos con cierta propensión letrada mezcló con agua un poco del hollín de la lámpara, y el enorme cañón de una pluma arrancada de un ala de albatros extendida que, clavada en las cornamusas del bauprés, desde hacía tiempo constituía un adorno del castillo de proa, hizo las veces de lapicero.