Omu

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Desde entonces, nuestro maestre se había embarcado en ese puerto siempre, y nunca había tenido noticias de sus compañeros desaparecidos, a los que, por supuesto, hacía mucho que tenía olvidados. Júzguense, por lo tanto, sus sentimientos cuando Viner, que era aquel tercer oficial desaparecido, pisó la cubierta, se adelantó y le estrechó la mano.

Durante la tormenta, había perdido el rumbo, y así fue como el bote, que se había deslizado a gran velocidad hacia sotavento, estaba fuera de la vista de los demás por la mañana. Después de eso, pasaron por terribles necesidades, y el bote llegó, en busca de fruta, a una isla de la que no sabían nada. Al principio, los nativos los recibieron con gentileza, pero uno de los hombres se metió en una pelea por una mujer, y los demás se pusieron de su lado; todos fueron asesinados, excepto Viner, que había ido a una aldea vecina. Después de vivir en la isla durante más de dos años, por fin escapó en un bote de un ballenero americano, que lo llevó hasta Valparaíso. Desde entonces siguió recorriendo los mares, como tripulante, hasta que, hacía unos dieciocho meses, tocó tierra en Tahití, donde se había convertido en propietario de aquella goleta que veíamos, con la que comerciaba en las islas vecinas.



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