Omu
Omu ENTRAMOS A PUERTO - JIM EL PILOTO
Exhaustos por la juerga del día, la mayor parte de los hombres bajó a hora temprana, en tanto la cubierta quedaba a cargo del camarero y de dos de los hombres que estaban dispuestos a trabajar. El maestre, con Baltimore y el Danés, debía relevarlos a medianoche. A esa hora, el barco —que estaba lejos de la playa, con las velas recogidas— tendría que virar.
No mucho después de la medianoche, en el castillo de proa, nos despertaron los rugidos de león de Jermin, que ordenaba tensar las drizas de foque; poco después un punzón golpeó la escotilla, y todos los hombres recibieron la orden de llevar el barco a puerto.
Esto era completamente inesperado, pero nos enteramos de inmediato de que el maestre ya no se fiaba del cónsul, y de que había renunciado a la idea de inducir a los hombres a un cambio de criterio, por lo que de pronto había tomado esa decisión. Pensaba acercarse hasta la entrada del puerto, y hacer señales para que le enviasen un práctico de puerto antes de la salida del sol.
