Omu

Omu

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

A medida que, de un modo insensible, fue menguando la vigilancia del Capitán Bob, empezamos a alejarnos más y más de la Calabuza, y conseguimos hacer incursiones sistemáticas por todos los campos circundantes para remediar algunas de nuestras carencias. Por fortuna, las casas de los nativos acomodados estaban tan abiertas como las de los indigentes, y nos trataron con bondad tanto en unas como en otras.

De cuando en cuando, nuestra llegada coincidía con una matanza del cerdo en casa de un jefe: los chillidos del animal casi siempre se oían a gran distancia. Estas ocasiones reúnen a todos los vecinos, y se hace un pequeño festejo, donde un forastero siempre es bienvenido. Por lo tanto, un chillido penetrante era música para nuestros oídos, y nos indicaba que algo sucedía en esa dirección.

Llegar como llegábamos, en desorden, siempre producía gran efecto. A veces encontrábamos al animal aún vivo y revolviéndose, caso en que por lo común se soltaba a nuestra llegada. Para hacer frente a estas emergencias, Jack el

Rayo en general acudía a la escena de esas operaciones con cuchillo entre los dientes y una porra en la mano. Otros eran notablemente solícitos en la faena de chamuscar las cerdas y destripar. Pero el doctor Fantasma y yo jamás nos inmiscuíamos en estos menesteres, sino que compartíamos el festejo con energía sin par.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker