Omu

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A pesar de que recibíamos con regularidad la comida que nos daban el Capitán Bob y sus amigos, la cantidad era tan escasa que a menudo sentíamos un hambre intolerable. No podíamos reprocharles que no trajeran más, porque pronto advertimos que ellos mismos tenían que pasar estrecheces para dejarnos lo que nos daban; además, por su gentileza no recibían nada más que el diario cubo de galleta.

Entre gente como los tahitianos, lo que nosotros llamamos «tiempos difíciles» sólo se concreta por la escasez de alimentos; no obstante, esta consecuencia tan aflictiva de la civilización se puede decir que para ellos está siempre presente. Es verdad que los nativos que vivían cerca de la Calabuza tenían abundancia de limas y naranjas, pero ¿de qué servían estas frutas, sino para aguzar aún más el apetito que con tan poco había que aplacar? En la época de abundancia del fruto del pan, lo pasaban mejor, pero en otros momentos los embarques agotaban los mal aprovechados recursos de la isla; por otra parte, las tierras eran, en su mayor parte, propiedad de los jefes, cuya avaricia debía sufrir la clase subalterna. Privados de sus medios, muchos pasaban hambre.




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