Omu
Omu Desde que habíamos abandonado el Julia, no habíamos vuelto a ver al maestre, pero a menudo teníamos noticias de él. Al parecer, se había quedado a bordo, instalado en la cámara y ocupado en menesteres caseros para sí y para Viner, que había ido a verle como había prometido y había aceptado la invitación de quedarse como huésped. Estos dos compinches se dieron no pocos gustos: abrieron los tonelillos del capitán, jugaron a las cartas en el espejo de popa, y para las damas de tierra dieron bailes que duraban la noche entera. En síntesis, se metieron en tal cantidad de juergas que los misioneros presentaron al cónsul sus quejas sobre ellos, y Jermin recibió una reprimenda.