Omu
Omu Tomé el mando de la expedición, en virtud de mi carácter de marinero, y situé al doctor Largo, con un canalete, en la proa; empujé la barca y salté a la popa, para dejarle todo el trabajo y reservarme la digna y fácil tarea de timonel. Todo habrÃa ido bien, de no haber sido por la torpeza de mi remero en su desempeño: el agua salpicaba y caÃa sobre nosotros sin cesar. Sin embargo, seguÃa en su esfuerzo enérgico con el canalete, por lo que pensé que al cabo de un rato mejorarÃa, y dejé que continuara. No obstante, a medida que pasaba el tiempo, cada vez más mojados por esa pequeña tormenta que levantábamos, al no ver señales de que escampara, le pedà en nombre del cielo que se detuviera de inmediato y me dejara escurrirme un poco. Tras estas palabras, giró de pronto en momentos en que la canoa oscilaba; el balancÃn se elevó por encima de nuestras cabezas, un segundo después golpeó en el cráneo del doctor, y los dos fuimos a parar al agua.