Omu
Omu DIME CON QUIÉN ANDAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES
Aunque por su novedad la vida en las instalaciones del Capitán Bob era bastante grata, de momento, había algunos inconvenientes relacionados con ella, si bien eran cosas ingratas sólo para un «alma sensible».
Mal dispuestos hacia nosotros por los malignos testimonios del cónsul y otras personas, muchos de los extranjeros respetables residentes nos consideraban una panda de vagabundos sin ley, aunque —a decir verdad— nunca habían pisado la isla otros marineros de mejor comportamiento ni nadie que diese menos problemas a los nativos. No obstante, a pesar de todo esto, cada vez que coincidíamos con un europeo vestido decorosamente, había diez probabilidades contra una de que cruzara al otro lado del camino para evitarnos. Esto resultaba desagradable, al menos para mí, porque por cierto que no hacía mella en el ánimo de los demás.
Veamos un ejemplo.
