Omu
Omu —¿Qué ocurre? —preguntó Johnson, cuando irrumpió sin aliento en la Calabuza—. ¿Cómo ha sido? ¡Hable, rápido! —Y examinó a Fantasma Largo.
Le dije cómo se habÃa producido el ataque.
—Raro —observó—, muy raro; el pulso es regular. —Soltó la mano del paciente y puso la suya sobre el corazón—. Pero ¿qué es toda esa espuma en la boca? —continuó—. ¡Vaya por Dios! ¡Mira este abdomen!
La zona asà denominada mostraba sÃntomas increÃbles: se oÃa un sonido sordo, ahogado, y algo asà como un movimiento ondulante era visible por debajo de la delgada chaqueta de algodón.
—¿Un cólico, señor? —sugirió uno de los circunstantes.
—¡Ni cólico ni historias! —vociferó el fÃsico—. ¿Dónde se ha visto que alguien entre en trance por un cólico?
Durante esta escena, el paciente estaba tendido de espaldas, rÃgido por completo, sin dar signos de vida que no fuesen los ya mencionados.
—¡Le sangraré! —exclamó Johnson por fin— ¡Que uno de vosotros traiga una calabaza!
—¡Barco a la vista! —voceó Bob el de la Armada, como si acabara de ver una vela.
—¡Por Dios bendito! ¿Qué le ocurre? —exclamó el fÃsico, espantado ante las muecas de la boca, que se habÃa estirado hacia un lado y asà quedó.