Omu
Omu En ese lugar salvaje, se levantaba aislada la vivienda de los labradores, la única apartada de la costa; no había más vecinos que unos pocos pescadores y sus familias, que vivían en un pequeño bosquecillo de cocoteros cuyas raíces bañaba el mar.
El desmonte que ocupaban abarcaba unos treinta acres, era nivelado como una pradera, y parte de él estaba cultivado; rodeaba este espacio una empalizada de troncos y ramas de árboles, baja, bien hundida en el suelo. Esto era necesario para proteger los cultivos del ganado salvaje y de los cerdos que recorrían la isla.
Hasta ese momento, los boniatos de Tumbes 40 eran la cosecha principal, y se vendían con facilidad a los barcos que anclaban en Papeete; también había una pequeña parcela de taro, o nabo indio; otra de ñame y, en un extremo, crecían lozanas las cañas de azúcar, casi a punto para su cosecha.
A un lado de la valla, por la parte del mar, estaba la casa, recién construida con bambú, en estilo nativo. El mobiliario consistía en un par de baúles marineros, un arcón viejo, unos utensilios de cocina y herramientas agrícolas, además de tres escopetas ligeras que colgaban de una viga, y dos enormes hamacas instaladas en extremos opuestos, hechas con pieles curtidas de novillo, tensadas entre dos palos.