Omu
Omu Se trataba de un tal Tonoi, jefe de los pescadores, que, un día en que estaba animado por el brandy, se quitó de encima la mínima faldilla de tappa con que se cubría, y me hizo saber que era hermano de sangre de la propia Pomarea, y que su madre provenía de la ilustre raza de los pontífices que, en tiempos pasados, tuvieron autoridad sobre todos los paganos de Imeeo. ¡Un linaje regio y eclesial! No obstante, en la época de la que hablo, aquel noble moreno había venido a menos y, por lo tanto, no se resistía a despojarse de unos pocos acres inútiles. Como retribución, recibió de los forasteros dos o tres viejos mosquetes reumáticos, varias camisas de lana roja y la promesa de que sería atendido en la vejez: siempre habría un lugar para él en la huerta.
Con el deseo de vivir en la cómoda situación de un suegro, hizo el ofrecimiento abierto de sus dos hijas como esposas, que como tal fue rechazado cortésmente, pues, aunque no estuviesen en contra de hacer la corte, los aventureros no querían enredarse en una alianza matrimonial, por muy espléndida que fuese la familia.