Omu
Omu En esos momentos teníamos el trabajo ante nosotros, pero antes de dar comienzo a las tareas, hice el esfuerzo de entablar con el yanqui una nueva conversación amistosa, acerca de las tierras vírgenes en general y de las del Valle de Martair en particular. Ante aquella estratagema magistral, los ojos de Fantasma Largo se iluminaron, y se quedó a nuestro lado dispuesto a participar. Pero todo lo que tenía que decir nuestro amigo acerca de la agricultura sólo se refería al sitio específico de la huerta en el que estábamos y, en vista de que ya nos había comunicado al respecto lo suficiente para permitirnos empezar el trabajo del mejor modo posible, él mismo puso manos a la obra, y Corto, que había estado mirando, siguió su ejemplo.
Aquí y allá, la superficie presentaba troncos cortados cerca del suelo, que alguna vez habían sido un denso matorral; parecía que los habían dejado del largo necesario para usarlos de tirador para arrancar las raíces que estaban debajo. Después de picar el suelo duro, a fuerza de golpear y aporrear, el yanqui aflojó una de las raíces, removiéndola de un lado a otro y haciéndola girar antes de tirar de ella en sentido horizontal.