Omu

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Además, no pocas veces, mientras hablaban de los hombres y de las cosas, mi larguirucho compañero empleaba frases tan majestuosas que, en alguna ocasión, ambos se descubrieron mientras hablaba.

En síntesis, su opinión favorable, en especial sobre Fantasma Largo, creció día tras día, y empezaron a permitirse toda clase de sueños con respecto a las ventajas que podían derivarse de emplear a un trabajador tan cultivado. Entre los diversos proyectos comentados, estaba el de construir una pequeña nave de unas cuarenta toneladas, para comerciar en las islas vecinas. Con una tripulación nativa, podríamos turnarnos para atravesar el encalmado Pacífico, fondear aquí y allá, según lo sugiriese nuestro capricho, y obtener románticas mercancías para vender: holoturias, ostras perlíferas, arruruz, ámbar gris, madera de sándalo, aceite de coco y vegetales comestibles.

Era maravilloso pensar en estas travesías por el Mar del Sur, y el doctor expresó su deseo de navegar en la futura goleta, apartado de todos los bajíos y arrecifes, cualesquiera que fuesen. Su descaro era audaz. Se explayaba acerca de la ciencia de la navegación; nos invitó a escuchar una disertación sobre la forma de navegar con un mapa Mercator y el compás Azimuth, y se extravió en una inexplicable explicación de sabe Dios qué método suyo para establecer la longitud de modo infalible.


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