Omu

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Después de pedir a los labradores la información necesaria, decidimos ir tierra adentro hasta el pueblo, quedarnos allí una temporada, volver a la costa y viajar hasta Talú, un puerto que estaba al lado opuesto de la isla.

De inmediato nos pusimos las ropas de viaje. Poco antes de salir de Tahití, mi guardarropa se reducía a dos trajes (chaqueta y calzones, ambos en mal estado por el uso), y los había unido para su mutua conservación —según una costumbre peculiar de los marineros—, con lo que junté una chaqueta roja con una azul, y de tal modo conseguí una variación en mi forma de vestir. Hasta allí llegaba mi guardarropa. El doctor no estaba mucho mejor servido. Su imprevisión le había obligado, al fin, a llevar las ropas marineras, pero para esta época, su chaqueta —ligera y de algodón— estaba casi fuera de uso y no tenía otra para reemplazarla. Corto, muy generosamente, le ofreció una que estaba apenas algo menos raída, pero la limosna se rechazó con orgullo: Fantasma Largo prefería vestirse con el antiguo traje tahitiano, la rura.





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