Omu
Omu Al fin, flotando en lo que parecÃa un gran copo de espuma, la pequeña embarcación arribó a la playa en medio de una lluvia de destellos. No habÃa ni un alma. Dejaron a uno junto al agua, y el resto de los pigmeos saltó a tierra; mientras miraban a su alrededor con aire muy circunspecto, se detenÃan de cuando en cuando, llevándose una mano a la oreja, para escudriñar entre el follaje denso de un bosquecillo que se alzaba a pocos pasos del mar. No se vislumbró a nadie, y todo parecÃa estar tan tranquilo como una tumba. En ese momento, el de las pistolas, seguido por los demás, que blandÃan sus espadines, entró en el bosque, y pronto se perdieron de vista. No demoraron mucho, probablemente se figuraban alguna emboscada poco hospitalaria, y recorrieron vacilantes una corta distancia hacia el valle.