Omu
Omu Allí vimos algunas luces que brillaban en medio de los bambúes, y proyectaban hacia delante sombras alargadas en el terreno. También se oían voces. Avanzamos para espiar a las bailarinas que se preparaban para la danza. Eran unas veinte en total, acompañadas por horribles viejas brujas, que debían de ser sus dueñas. Fantasma Largo propuso quitarlas de en medio, pero Rartú respondió que eso no podía ser, y hubo que tolerar aquella presencia.
Tratamos de entrar por la puerta, que estaba cerrada, pero, después de una ruidosa discusión con una de las viejas brujas de dentro, nuestro guía empezó a inquietarse y, por último, nos dijo que debíamos desistir, si no queríamos estropearlo todo. A continuación nos llevó a cierta distancia, para esperar el espectáculo, porque las muchachas, dijo, no querían ser reconocidas. Además, nos hizo prometer que no nos moveríamos de donde estábamos hasta que todo hubiera terminado y las bailarinas se hubiesen retirado.