Omu
Omu âAhlĂș! AhlĂș! âvuelven a exclamar las reinas de la danza, retornan al centro del corro, alzan otra vez los brazos y se quedan inmĂłvilesâ. AhlĂș! AhlĂș! âSe sueltan las manos del corro, y las jĂłvenes respiran hondo y se quedan totalmente quietas. Jadean por unos instantes y despuĂ©s, cuando el rubor profundo se va atenuando en sus mejillas, retroceden con lentitud, agrandando el cĂrculo.
Nuevamente las dos bailarinas principales balancean las manos, cuando las demĂĄs se han quedado estĂĄticas, y asĂ siguen, a la luz tranquila de la luna, bastante separadas, como hadas en un cĂrculo. De pronto, se deja oĂr una extraña cantilena, y las jĂłvenes oscilan suavemente, poco a poco aceleran el movimiento hasta que al fin, durante unos instantes apasionados, palpitantes los pechos y lucientes las mejillas, se abandonan al espĂritu mismo de la danza, olvidadas de todo lo que hay a su alrededor. Pronto recuperan su anterior ritmo lĂĄnguido y, como antes, se inmovilizan; despuĂ©s, se tambalean, se adelantan por todas partes, con los ojos llenos de lĂĄgrimas, se juntan en un Ășnico corro indomable, y caen unas en brazos de las otras.
AsĂ es la lori-lori, como creo que llaman a esta danza de las descarriadas jĂłvenes de Tamai.
Mientras la bailaban, tuvimos que hacer lo imposible para evitar que el doctor saltara en busca de una pareja.