Omu
Omu Es curioso que, si se quita al cocotero su penacho verde central, muera de inmediato; si se deja en tierra, así mutilado, ese tronco, en vida protegido por una corteza tan dura que casi no la atraviesan las balas, se desmorona y en un período increíblemente breve se convierte en polvo. Es probable que esto se deba en parte a su constitución especial, pues sólo es un cilindro de diminutas cañas huecas muy compactadas y muy duras: cuando queda expuesto en la parte superior, absorbe el agua, y se produce la desintegración.
El más hermoso bosque de cocoteros que conozco, y la única plantación de estos árboles que vi en las islas, está en la costa meridional de la Bahía de Papeete. Fue plantado por el primer Pomaré, casi medio siglo antes; como el terreno es especialmente bueno para su crecimiento, esos nobles árboles forman hoy una espesura magnífica de alrededor de una milla de superficie. Casi ninguna otra planta, apenas si algún arbusto, se ve mezclada con ellos. La Carretera de la Escoba lo bordea en toda su extensión.