Omu
Omu Los domingos siempre asistÃamos al servicio religioso. Al ir en compañÃa de la familia de Po-Po, mantenÃamos, por supuesto, una apariencia de máximo decoro y, por lo tanto, toda la gente mayor del pueblo sin duda nos consideraba jóvenes modelo.
El asiento de Po-Po estaba en un rincón cómodo, y era tan cómodo por estar junto a uno de los pilares (troncos de palmera) que sostenÃan la galerÃa, en el que yo siempre me recostaba. Po-Po y su mujer se sentaban a un lado, el dandi y el doctor al otro, y los niños y las parientas pobres se sentaban detrás.
Por su parte, en lugar de estar junto a los buenos de su padre y de su madre (cosa que deberÃa haber hecho), Lu tenÃa la necesidad de correr a la galerÃa y de acomodarse allà con un grupito de alocadas criaturas de su misma edad, quienes durante el sermón no hacÃan más que mirar a los presentes, señalar a las viejas señoras de sombreros ridÃculos y vestidos pobres y reÃrse de ellas, aunque la propia Lu jamás caÃa en ese comportamiento impropio.