Omu
Omu La escena era extraña, pero lo que más nos sorprendió fue ver la insólita acumulación de las cosas más caras de todos los puntos del globo. Una junto a otra, ahà estaban al lado de los objetos nativos más ordinarios, sin que nadie hubiese intentado ordenarlas. MagnÃficos secrétaires de palo de rosa, con taraceas de plata y madreperla; jarras y vasos de cristal tallado; volúmenes de grabados; candelabros dorados; juegos de globos terrestres e instrumentos matemáticos; las porcelanas más hermosas; sables con ricos estuches y escopetas de caza; sombreros con lazos y vestidos suntuosos de toda clase, con muchos otros artÃculos de manufactura europea, todo mezclado con grasientas calabazas medio llenas de poÃ, rollos viejos de tappa y esteras, canaletes y lanzas para la pesca, y el mobiliario habitual de una vivienda tahitiana.
Todos los objetos mencionados en primer lugar, sin duda regalos de naciones extranjeras, se amontonaban, más o menos estropeados: las escopetas de caza y las espadas, oxidadas; las maderas finas, rayadas; y un volumen infolio de Hogarth estaba abierto con una cáscara de coco, llena de una sustancia mohosa, caÃda entre los muchos muebles del despacho de Rake, donde al desconsiderado joven le están tomando las medidas para una chaqueta50.
Mientras nos divertÃamos en este museo de curiosidades, la guÃa tiró de nuestras mangas y susurró:
—¡Pomarea! ¡Pomarea! Aramai kow kow.