Omu
Omu —O sea que viene a cenar —dijo el doctor, mirando en la dirección indicada— ¿Qué te parece, Paul, si nos adelantamos?
En ese momento se alzó una cortina cercana, y de un edificio privado, a pocas yardas de distancia, salió la reina, y entró, sin compañÃa.
Llevaba un vestido suelto de seda azul, con dos pañuelos finos, uno rojo y otro amarillo, alrededor del cuello. Su real majestad iba descalza.
De estatura media y aspecto de matrona, no tenÃa rasgos muy bonitos; su boca era voluptuosa, pero habÃa una expresión de agobio en su cara, tal vez atribuible a sus últimos infortunios. Por su apariencia, se podÃa pensar que andaba por los cuarenta años, aunque es más joven.
Cuando la reina se acercó a una de las entradas, sus servidores se apresuraron a rodearla, la escoltaron, y acomodaron las esteras sobre las que después se reclinó. Pronto se presentaron dos muchachas, con la colación de su señora; entonces, rodeada de cristales tallados y porcelana, y botes de carnes y exquisiteces, Pomarea Vahiné I, la soberana reinante de TahitÃ, comió pescado y poà de unas calabazas nativas, despreciando cuchillos o cucharas.