Omu
Omu —Venga —susurró Fantasma Largo—, que nos dé audiencia de inmediato. —Y estaba a punto de presentarse solo, cuando nuestra guÃa, muy alarmada, lo detuvo e imploró prudencia. Los demás nativos también se interpusieron, y cuando le empujaban para que se apartara, el doctor soltó tal grito que Pomarea alzó los ojos, y nos miró por primera vez.
ParecÃa sorprendida y ofendida; dio una orden con tono autoritario a varias de sus mujeres, e hizo que nos echaran de la casa. Por muy perentorio que fuese el modo de despedirnos, no habÃa duda de que la etiqueta cortesana exigÃa nuestro sometimiento a ella. Nos retiramos haciendo una profunda reverencia en el momento en que Ãbamos a desaparecer tras las colgaduras de tappa.
Salimos de palacio sin ver a Marbonna y, antes de pasar por encima de la valla, lisonjeamos a nuestra guapa guÃa a nuestra manera. Un momento después, al mirar hacia atrás, vimos a la joven escoltada por dos hombres, al parecer enviados en su busca. Deseé que no recibiese más que una reprimenda.
Al dÃa siguiente, Po-Po nos hizo saber que se habÃan dado órdenes estrictas de no admitir a ningún extranjero dentro de las vallas de palacio.